Página de Patricia Rodón

noviembre 12, 2006

Filed under: Entrevistas — patriciarodon @ 6:16 am

Con Patricia Rodón, primer premio de Poesía del Certamen Vendimia

La Subsecretaría de Cultura instituyó para esta convocatoria del Certamen Vendimia un primer premio importante, tanto en Cuento como en Poesía, consistente en la edición de un libro individual y la suma de mil pesos en cada caso. El jurado, por su parte, decidió otorgar menciones. En Poesía ,a María de las Mercedes Gobbi por “Fiebre para saciar” y en Cuento, a Daniel Armando Herrera por “Gemas en el fango”; a Ema Cristina Derlindati por “Asuntos de vida… o suerte” y a Gabriel Dalla Torre por “Teoría de la memoria”.
Licenciada en letras, periodista y editora de “El Altillo”, Patricia Rodón ganó el primer premio del Certamen Literario Vendimia 2001 de Poesía. Nacida en 1961, es autora de varios libros inéditos, entre ellos Estudio voyeur, que ahora le publicará la Subsecretaría de Cultura. En 1998 editó Tango rock y ha hecho conocer algunos de sus trabajos a través de diarios y revistas. Ha tenido otros premios locales y nacionales, como el primero de la Fundación Inca y el primero del concurso organizado por la editorial Último Reino junto con la UBA en 1992.

-¿Tu poesía es la parte sustantiva de tu personalidad o tu personalidad es más intensa todavía?

-Mi personalidad es más intensa porque está lo verbal, lo gestual y los énfasis y todo lo que uno pone en la oralidad, mientras que en la poesía hay otros silencios, otras pausas, etc. Yo vivo intensamente y a la hora de escribir, creo, eso también se traduce.

-¿Qué sentimientos te mueven a escribir: el amor, la ira, la insolencia, el dolor, la injusticia social, la fatalidad metafísica?
-Todos. Obviamente, depende del poema que esté escribiendo. En un libro predomina una mirada o un tema y en otros, otra mirada y otro tema. Básicamente, siempre se escribe sobre lo mismo, sobre el amor, sobre estar vivos y cómo se está vivo. Es como hacerse cargo de ese sentimiento de incertidumbre que trae un amanecer aciago o una noche magnífica, una noticia trágica o un beso bien dado.

-¿La poesía es una escritura peligrosa, una experiencia extrema como la mística?

-Siento que la poesía es un camino de conocimiento. Por lo menos a mí me ha servido para reflexionar. Sobre todo la que leo, no la que produzco. Ha sido absolutamente iluminadora. Ha habido palabras, versos y autores clave que no sé si me han dado respuestas, pero sí han traducido sus preguntas de la misma manera que yo las sentía, con esa intensidad o desde esos lugares. Y digo que es camino porque es un devenir constante, una tarea que nunca se acaba.

-¿Y a la hora de escribir?

-Me sirve para pensar en mí misma, sobre mi entorno y las realidades más próximas, las que más me pegan y movilizan.

-¿Cuáles son tus enemigos y cuáles tus apoyos?

-Enemigos, ninguno. Cuando me pongo a escribir, primero se me aparece el título y ahí está toda la idea del poema. Lo que hago, entonces, para ponerlo en términos de dibujo, es como escribir a mano alzada. Tengo totalmente claro lo que voy a decir. No sé si los lectores notan esa fluidez. Hay poemas más trabados, con una redacción más intrincada, pero eso no aparece en mis trabajos. Cuando empiezo a sentir que hay ruidos, que falta aceite en el verso o en la idea, es porque no está lo suficientemente claro y todavía no lo puedo decir. Escribo sin querer, porque ya lo quería, ya estaba querido, y entonces el poema pudo desenvolverse solo, de un tirón.

-¿Significa que no corregís nada?

-Corrijo muy poco. No estoy recomendando nada. A mí me sirve como método, porque si tengo que corregir, para mí significa que no sirve. Si no le encuentro la punta al ovillo, lo borro de la computadora.

-¿Qué diferencias estilísticas apuntarías entre “Tango rock” y “Estudio voyeur”?

-Varias diferencias. Primero porque “Tango rock”, fundamentalmente, es un libro plural. Es muy barroco, barroco moderno. No sé qué otra definición darle porque no creo que sea neobarroco, sino que hay mucho vocabulario y muchísimas imágenes. En este sentido, me han comentado que son agobiantes, pero la imagen es mi manera de expresarme, mi cauce. Hay muchas voces. No lo digo en el sentido de que sea coral sino que los poemas hablan y cuentan cosas de mucha gente: circunstancias, personas, paisajes, ciudades. Sólo al final hay poemas de amor, y es como que ahí me centro un poco más en la voz lírica de la poeta. “Estudio voyeur” es más sintético, hay una graduación más madura. Es más contenido en el sentido de ser más preciso en el lenguaje, más escueto en la cantidad de imágenes o en cómo están administradas y tiene dos partes. Una, donde los poemas son más extensos y tienen bastante de plural, y la otra, que es como una mini-historia contada en poesía y totalmente auto-reflexiva. Van contando la historia y al mismo tiempo van pasando cosas. Espero que los lectores vean eso que va pasando. Este libro es una transición con respecto al próximo, que está inédito.

-¿Te animás a decir qué poetas de Mendoza escriben bien y por qué?

-Sacando a la inefable figura de Fernando Lorenzo, que cada vez lo extraño más, creo que Julio González es un gran poeta. Quizás ha estado opacado, mientras Fernando vivía, por su figura, pero es un gran poeta tanto por la hondura de los temas que trata como por la mirada, que es auténtica, de un auténtico poeta capaz de encontrarle poesía a lo más cotidiano. Sus poemas tienen unos climas notables, tienen calma, gestos y caricias que pueden percibirse. Y también José Luis Menéndez. Creo que tiene muchas cosas para investigar dentro de sí y por lo tanto para manifestar en su poesía. Quiero aclarar que podría dar una larga lista de buenos poetas, pero para ser estrictamente justa nombro a ellos dos, que son realmente notables, están diciendo cosas importantes y muy bien dichas.

-Más allá de lo material, ¿qué te ha significado el Premio Vendimia?

-Me ha dado una gran satisfacción porque diez años después de haberlo ganado, un jurado mendocino me ha vuelto a leer y me lo ha vuelto a asignar. Desde lo íntimo, no ha dejado de regocijarme, porque es como haber dicho: léanme otra vez, a ver si les gusta. Les ha gustado y, además, es un aliciente para seguir trabajando.

Entrevista de Andrés Cáceres. En Diario Los Andes.

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