Página de Patricia Rodón

noviembre 10, 2006

En diarios

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Indagar en la mirada

Estudio voyeur, de Patricia Rodón. Mendoza, Ediciones Culturales, 2002. 70 páginas.

 

En un momento de auge del derrotismo, la superficialidad, la frivolidad y el sentimentalismo, es bueno alegrarse por la aparición de libros como Estudio voyeur, de Patricia Rodón, que viene a convertirse en una apuesta magnífica, gritando la alegría feroz del poema, desglosando salvoconductos más allá de las convenciones cristalizadas.

Rodón tienta sus límites desdoblándose a sí misma con una envidiable determinación poética, que le permite abrirse paso y adelantarse, adentrarse, en base a un estilo personal, de donde extrae la energía y, al mismo tiempo, el camino lírico. Entonces hasta la anécdota del poema se contamina de la extrañeza que brota de las imágenes, para decir lo suyo desmontando su sentido habitual, porque trae la canción de una niña a su muñeca / los poemas que se llevan como amuletos.

Estamos hablando no sólo de imágenes sino de estados del alma a la luz de cierta furia en la síntesis, en la concentración (Nuestro amor da miedo, Dame el mar, Bailar frente al espejo es peligroso). En estos poemas no hay decorados sino más bien valores, y eso marca una diferencia tajante respecto de la mayoría de los poetas de su generación, confesando o advirtiendo con una sola palabra vine hasta aquí.

En ese marco, no es menor el tema de la interrogación por la propia identidad en su devenir metafórico, mostrando que las reminiscencias con otros poetas familiares se diluyen en tonalidades personales ante la corriente del libro. Rodón combina lo abstracto y lo concreto, mezcla la firmeza y el titubeo, la certeza y la duda en partes no siempre iguales dentro de lo que se puede reconocer como “rodoniano” en la atmósfera más que en la entonación, más allá de perfumes relacionados con Alejandra Pizarnik, Liliana Lukin o Diana Bellesi, de las que se diferencia y desprende por su forma de encarar las alusiones impresionistas y la incertidumbre que caracteriza a las autoras citadas.

Aquellas aparecen trabajadas en Rodón desde su anterior Tango Rock, del que este texto se despega con dolorosa maduración y mayor intensidad, a la manera de una epifanía, “desnuda como un color sin nombre / con los ojos mordidos. / Cada vez más aquí. / Cada vez menos fácil”. Lo suyo es la apropiación de un sistema simbólico. No en vano Estudio voyeur enriqueció el Premio Vendimia de Poesía, obteniéndolo merecidamente en 2001.

Raúl Silanes

En diario UNO. 18 de mayo de 2003.

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